Para el cumpleaños de Oliver, decidí regalarle dos cuentos. Este, se lo leo todas las noches. Se que no se entera mucho, es muy pequeño, pero ese momento es “nuestro momento”. No hay ruidos, apenas luz y ahí estamos, mi hijo en su cuna, yo sentada a su lado. Me mira con cara de no saber muy bien que hago allí hablándole, pero sonríe, se da media vuelta y se duerme. Otros días se pone de pie, se agarra a los barrotes y me señala el cuento, me mira y se ríe.
Este otro me enamoró nada más enseñármelo la chica. Lo he guardado con otros juguetes que le iré dando más adelante, porque tiene piezas pequeñas y prefiero que sea un poco más grande para explicarle como funciona este cuento… Me encanto la idea de inventarme cuentos para él con personajes diferentes, decorados divertidos y me pareció tan tan original que no pude resistirme. Hoy en día nos lo dan casi todo hecho, y es genial tener que darle al coco para inventarte un cuento para tu hijo. 
Lo de leerle cuentos a Oliver me viene desde que yo era bien pequeña. Ni a mí ni a mis hermanas nos leyeron cuentos, y desde que tengo uso de razón siempre dije que a mi hij@ le leería cuentos. Puede que llegue un día que me diga que no le gusta, o que de mayor lo recuerde como algo que hacía su madre y que le parecía un rollo. De momento no se queja 😉 por lo que yo seguiré haciéndolo. Ya no es sólo algo personal, también quiero que sepa qué es un libro, que desarrolle su imaginación, y que vea que hay más cosas a parte de la casa de Micky Mouse.