¡Hola primavera!

Ains, cada año me pasa lo mismo… llega la primavera y el cuerpo me va como más lento, salir de la cama por las mañanas me cuesta horrores y voy pidiendo permiso a un pie para echar el otro.

Y, sinceramente, no me puedo permitir este estado de zombi por la casa porque el trabajo se me va acumulando sobre la mesa y la sensación de “estar perdiendo el tiempo” me molesta bastante.

Las vacaciones de Pascua fueron genial. Me tome los días de descanso que necesitaba, disfruté de Óliver y de mi marido, salí a pasear mucho, alguna mañana desayuné fuera de casa y alguna otra me trajeron el desayuno a la cama 😀 Vivimos una semana sin prisas pero sin pausa y mi cuerpo y mente me lo agradeció. Pero creo que me acostumbré tan rápido a ese estado de “sin preocupaciones” que volver a la rutina me está costando.

Así que mi post de hoy es de esos de romper el hielo y arrancar de nuevo con el blog, que tengo mil cosas que contar y enseñar y si no me pongo ya, no lo haré nunca.

Así que…

¡Hola primavera!, ¡que sepas que no vas a poder conmigo!.

Vengo para dar guerra y para seguir contando mis historias. Historias como que he coqueteado con la comida saludable probando un smoothie verde que está tan de moda. El primer batido de verduras y fruta que me zampaba y a demás era el mismito que bebe la Preysler, que lo vi en El Hormiguero y al día siguiente ya estaba yo comprando la verdura.

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